Espacio público que invita al juego
Un muro urbano detecta coreografías colectivas y responde con patrones de luz que se propagan como olas. Niñas, mayores y visitantes descubren reglas sin instrucciones, aprendiendo en segundos. Al anochecer, los gestos de la comunidad tejen relatos luminosos locales. La tecnología permanece discreta, resistente al clima y vandalismo, enfocada en encuentros significativos y seguros, donde el gesto compartido se vuelve lenguaje común en la plaza cotidiana.